La aceptación política del narcotráfico: el detrás de escena del caso de los muertos la droga basura

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Desde hace más de veinte años el proceso de decadencia y amparo político judicial provocó lo que hoy conmociona a la opinión pública la presencia de droga adulterada en extremo. Las 23 muertes podrían haberse prevenido si se atendían todas las alertas anteriores.

«Soy yo el que los tengo que cubrir cuando ustedes están repartiendo falopas con mis ambulancias», les recriminó Mario Ishii, el intendente de José C, Paz, a un grupo de médicos y enfermeros cuando, en junio del 2020, los trabajadores municipales le reclamaban un aumento salarial y mejores condiciones de trabajo en medio del primer pico alarmante de casos de COVID.

Mario Ishii hoy está acompañando al presidente Alberto Fernández en su gira Rusia y China. Así puede terminar la nota y nadie se sorprendería sobre lo que se está viviendo el caso de la cocaína muy adulterada que provocó 23 muertes conocidas y muchísimos enfermos de gravedad, algunos asistidos y otros que prefirieron no ir a ningún lugar.

Pero la realidad obliga a comprender que no es un elemento más la aceptación política realizada por Sergio Berni de lo que sucede con el narcotráfico y el narcomenudeo. Los sueldos municipales son tan bajos que necesitan de «otras changas para sobrevivir». Textual. Entonces, ¿qué pasa con los que no tienen ni consiguen ninguna actividad, producto de su falta de educación, adicciones o reincidencias? Se busca la manera más fácil de conseguir dinero. Y el narcotráfico está a la vuelta de la esquina.

Hace dos décadas, cuando este periodista ya tenía un recorrido en la región, un reconocido delincuente se sintió «tocado» un artículo que firmé en mi propio medio regional. Acompañado el abogado penalista, fallecido, José Novello, tranquilamente, «Carlitos» explicaba que yo podía sufrir un inconveniente personal. Nada pasó. 

¿Pero de qué se hablaba hace veinte años? De la construcción de un camino paralelo al Camino del Buen Ayre, que conectaba a todas las villas de la región de manera interna y la cual se creaba la «nueva ruta de la droga«. La villa de Puerta 8 era una de ellas, supuesto. 

Las actividades ilegales también atraviesan otras facetas de la «economía informal» como la recolección de basura, rellenos ilegales y una amplísima cadena de volquetes de residuos de construcción agrupados en una asociación sin teléfono, domicilio ni inscripción tributaria, pero a los que todos los volqueteros deben subsidiar con una cuota mensual y el pago el vuelco en los lugares que ellos dominan. 

En un momento en General San Martín se inspeccionó a los camiones que transportaban estos resabios de cascotes y tierra. Al día siguiente, la «asociación» llenó de piedras y basura la plaza central. ¿Cómo terminó todo? Con los volqueteros y la asociación trabajando como si nada. 

Estas dos anécdotas periodísticas pueden multiplicarse hasta el infinito en un Conurbano donde el Estado dice estar presente pero no lo está. Y la gente empieza a organizarse entre sí, con métodos desconocidos para la estructura social, económica y cultural que todos conocemos. Es otra cosa. 

Consultado Daniel Arroyo, el ex ministro de Desarrollo Social, especialista en el tema, sobre si esta realidad paralela tiene un nombre preciso, aceptó no tenerlo. «Es tan complejo y tan dramático que no puede resumirse en una sola palabra», aceptó. 

La complicidad política atrapa a la Justicia, que termina dependiendo del político para llegar a los cargos de jueces, fiscales o secretarios de Cámara, ejemplo. Y esas complicidades termina conspirando para que nunca se resuelva al tema, sino que se profundice con los años. 

¿Y la Policía? Son los que están en contacto permanente. Y la decadencia hizo que muchos de ellos convivan en los mismos barrios pobres con los que allegados a los que deben combatir. Todo está relacionado, y nadie quiere sentirse el «perejil». Así se empieza, y nunca termina. 

El asentamiento de Puerta 8 es uno de los tantos «barrios» creados a la vera del Parque del Buen Ayre en la década de los ’90 y que se ampliaron sucesivamente. Ubicado en el límite norte de Tres de Febrero, era un lugar especial para dos actividades clásicas de la delincuencia. El desarme y venta de autopartes de vehículos robados y su posterior destrucción y los piratas del asfalto, que «escondían» los camiones en los múltiples galpones abandonados que quedaron la caída de la actividad económica. 

Inclusive, hay dueños que saben que en sus depósitos se «guarda» mercaderías y mercancías ilegales. Y es eso, además, que los súper de todas las localidades venden productos como vinos, cervezas o cigarrillos sólo «en efectivo» porque así se lo exigen quienes se lo entregan. Nada de tener un mínimo vínculo con cuestiones bancarias o impositivas. 

Como la piratería o el robo de vehículos deja muy «expuestos» a las bandas o grupo de personas, porque no califican como organización ni siquiera mínima, la necesidad económica y la «explosión» de otros lugares de narcomenudeo los hizo incorporarse en esa actividad. 

La proliferación de cámaras de seguridad callejera, los puestos fijos y la infiltración de policías de investigación, que a su vez trafican la información con los propios delincuentes para elegir quienes caen y quienes no, hizo que fuera más difícil ingresar a una villa con un auto o camión robado. «Y poner un pibe en una esquina no es nada. Entra a la comisaría, sale, lo va a buscar la madre, y vuelve a vender o avisar si viene alguien».

Puerta 8 se denomina a la primera entrada que tenía el antiguo predio de Campo de Mayo cuando todo ese sector pertenecía y era custodiado el Ejército Argentino. De lado de San Miguel, se encuentra el predio que continúa con ese fin militar y su ingreso se conoce como «Puerta 4«, aunque allí solo se ve verde y algún custodia de la Policía Militar. 

Antiguo reservorio del Río Reconquista, las aguas siempre inundaban la zona próxima a su cuenca, que se vio afectada la construcción de la Autopista Parque del Buen Ayre. Los terrenos que quedaron a la derecha e izquierda se utilizaron como rellenos sanitarios de toda la región y los más próximos a los viejos barrios, afuera de esa normativa, fueron usurpados.

Viejas tosqueras eran rellenadas con los vehículos conseguidos en los robos, heladeras, calefones en desuso, escombros que también servían para la incipiente «empresa de volquetes«. Este camino es paralelo a la Ruta provincial 4, entre Merlo y San Isidro y es en la zona de Tres de Febrero, San Martín y San Isidro donde se construyó un «camino paralelo» armado las bandas hace más de veinte años, tal cual se relató en esta nota. Y que, como el Buen Ayre y la Ruta 4, pueden conectar el oeste y el norte. 

Desde Puerta 8 se puede llegar hasta donde se lo proponga. La posibilidad de salir rápidamente hacia el norte y el oeste lo hace un punto estratégico. Si se eligiera, se puede llegar hasta Rosario, Tigre, Zárate o Campana con la misma rapidez que se llegaría a General Rodríguez, Luján, Moreno o Navarro. Y, supuesto, la Ciudad de Buenos Aires, la antigua Ruta 8, Panamericana o Acceso Oeste. 

Entre el Camino el Buen Ayre y la Avenida Márquez hay veinte cuadras de diferencia, aproximadamente en toda la traza que va desde Moreno hasta San Isidro. Son dos corredores increíbles, en la que se pueden transportar todo tipo de sustancias y materias primas. Y a la vera de ambas avenidas están asentadas las principales bandas que operan en la región. 

Villa Corea, Carcova y Lanzone están en el extremo norte de la ruta 4 y fueron siempre noticia la actividad delictiva. Un poco más alejado, pero cercano a la General Paz está el complejo del Barrio Loyola. Donde «Mameluco» Villalba y los «Pacheco» operaban era en el otro extremo de San Martín, en las zona de Billinghurst, que la Avenida 9 de Julio o Eva Perón podían tener acceso directo a la Ruta 4, también conocido como Camino de Cintura, y al del Buen Ayre. 

En Tres de Febrero, pero a pocas cuadras de General Paz, siempre fue conflictivo el barrio Ejército de los Andes, también conocido como Fuerte Apache, donde la Gendarmería realizó famosos operativos hace dos décadas. Las antiguas bandas que dominaban el barrio y sus adyacencias, como José Ingenieros, a cuadras de la Capital Federal, se dedicaban al robo de autos y al narcotráfico

Los permanentes tiroteos entre los «nudos» 8, 9, 11 y 12 hizo que en el año 2000 se decidiera, problemas edilicios severos en sus estructuras jamás mantenidas, demoler dos de ellos, lo que provocó un desbande que desconfiguró la lógica de las bandas que trabajan allí y las hizo migrar hacia otros lugares. 

Otro complejo habitacional transformado en epicentro delictivo es el Barrio Mujica, ubicado a la vera de la Autopista del Oeste, justo detrás del Hospital Posadas de Haedo, en Morón. Este barrio, al igual que el Ejército de los Andes y Loyola fueron construidos los planes FONAVI durante sucesivos gobiernos de facto con otro fin, pero hoy son siempre noticia las actividades ilegales que también permean en las proximidades, antiguos centros urbanos sin delito ni pobreza.