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Por – Dr. Marcelo O. Montes (Politólogo – Docente Universitario – Analista en Relaciones Internacionales) y – Mgter. Karin Silvina Hiebaum (Psicóloga – Psicoterapeuta – Periodista)

La frase del título de esta nota tiene una connotación especial. Trae a colación una referencia innegable, típica de la Guerra Fría, cuando se decía en tiempos de la «détente» o distensión entre americanos y soviéticos que el «Oso» (nominando así a la vieja URSS), aprovechando esa «ventana de oportunidad», podría en cualquier momento seducir, envolver y hasta asfixiar a Europa Occidental, influida los «cantos de sirena» pacifistas antinucleares. El objetivo era dividir el frente occidental, rompiendo la alianza de postguerra con Estados Unidos. La URSS así lograría ganar la Guerra Fría, sin disparar un sólo tiro. Sus propios errores de cálculo más tarde, como la invasión a Afganistán en 1979, contribuyeron a su posterior caída, varios años después.

Claro, nadie vio en ese momento el intento -frustrado- del Oso.

Apelo a la metáfora comunista/anticomunista porque viene como «anillo al dedo» para mi análisis político de hoy. Anoche, habiendo llegado tarde al acto de Javier Milei en Rosario, claramente desganado, desentusiasmado, porque veía la peligrosa tendencia de un nuevo «abrazo del Oso» -esta vez vernáculo- que finalmente corroboré, desde hacía semanas, mis temores se hicieron realidad. Preadvertidos uno u otro canal -hoy, en el reinado de las NTICs y las redes, eso es posible-, de que había gente -propia y externa- insatisfecha con el armado desde arriba y desde CABA, de ese acto, cuya identidad (acto político, evento social o clase), nunca quedó claro, la seguridad de Milei, conformada los «Osos Gordos» del inefable Carlos Maslatón, el «Rasputín postmoderno» del nuevo diputado, se encargaron de diluir cualquier intento de sabotaje del acto.

Claro, quedó también en evidencia el formato especial de la obra y obviamente, los intérpretes de la misma. Una pléyade de actores de poca monta, los llamados influencers o you tubers; el despotricador serial «anticasta política» Maslatón y su esposa, que vive de la casta, como empleada del alcalde porteño Rodríguez Larreta y como si esto fuera poco, la hermana del propio Milei, llamada el mismo, «El Jefe», lo cual revela que hasta el más genuino liberal, reconoce algún grado de autoridad y dependencia de alguien cercano? Mas un discurso largo, tedioso, que sólo levantaba aplausos con los gritos característicos de Milei. En el interín, «los otros liberales» Espert, Píparo y López Murphy, luchaban durante 9 horas, cuan gladiadores, contra las insólitas argumentaciones del Ministro de Economía Martín Guzmán.

Ahora bien, semejante despliegue populista, reivindicando explícitamente la presencia en las calles, versus la discusión presupuestaria en el Congreso, el ámbito institucional para el cual fue elegido Milei y para lo cual sí está preparado debidamente, denota parte del plan siniestro de Maslatón, un sórdido personaje de la política, de origen judío-sionista, simpatizante del peronismo, armador de una organización estudiantil liberal pero sobre todo, originariamente anticomunista y ex concejal de CABA la Ucede oficialista (la alsogaraísta), la misma que se entregara como «prostituta» al menemismo en los ochenta. Esta vez, tras un largo receso de más de 2 décadas, donde amasara una enorme fortuna con las criptomonedas o bitcoins, parece estar intentando lo mismo que aquella vez: habiendo votado al kirchnerismo en 2019, para que no gane Juntos el Cambio, su supuesto carácter socialdemócrata, Maslatón le hace creer a propios y extraños, que esa jugada le permitió a Milei crecer exponencialmente encima de todo y todos, siendo «la real oposición a la casta», reproduciendo el modelo de organización política movimientista que creara el General Perón en contra del esquema típicamente europeo institucionalista de «comités de notables».

Ese modelo supone, como me dijera explícitamente el legislador porteño lavagnista -hoy mileirista- Ramiro Marra, que mientras «todos tributemos a Milei» -erigido en un gran Zar -endeble emocionalmente cierto-, puede haber multiplicidad de grupos «armando» en el interior del país, eligiendo fundamentalmente figuras mediáticas y hasta verdaderos/as «paracaidistas», siempre y cuando agraden al Gran Jefe -o a su Jefa-.

Lo visto y lo afirmado, reproducen una vez más, una Argentina que se niega a morir. Bajo el formato de novedad, con la excusa perfecta de que la política nacional es el barro en estado puro, emergen líderes que dicen representar lo original, lo impoluto, lo diferente, incluso encarnando ideas, como las liberales -o libertarias aunque en clave demasiado «paleo», conservadora o derechista-. El problema es que ellos mismos a medida que se van desprendiendo de viejos socios (como Espert o Rosales, supuestos «traidores» hoy a los ojos de este Milei versión rockstar 2.0), empiezan a rodearse y dejarse influir nuevos oportunistas mediocres y adulones, que no trepidan en sumar sus «aportes» aprovechando su popularidad en likes o vistas de Twitter o Instagram.

Maslatón como un titiritero, logra como un sesentón fracasado, embaucar a millones de jóvenes embrutecidos o analfabetizados pero fanatizados conocedores de las redes y los bitcoins, pero sobre todo, al «León de la jauría», aprovechándose de su debilidad emocional -viejos traumas infantiles- de éste. Resulta llamativo -aunque no tanto-, que para desequilibrar a esta sociedad anestesiada, los argentinos hayan tenido que recurrir a un verdaderamente desequilibrado como Milei.

Un Milei que psicológicamente, está lejos hoy del que era hace meses, ejemplo en marzo pasado. Afable, simpático, siempre prestándose a una selfie, el de hoy luce malhumorado, exigido, nervioso, tal como se lo vio en el debate de candidatos en octubre.

Los comportamientos emocionales de la figura, se deben a la situación de la carencia afectiva, debido a los maltratos vividos durante su infancia. En varias entrevistas, ha tenido la necesidad de hablar sobre estas situaciones tan turbulentas. A través de sus acciones, se denota una falta de trabajo en el ambito emocional, lo que afecta en sus conductas diarias, perdiendo el autocontrol de sus propias emociones y tener la gran necesidad hacia el apego de figuras que representen el rol de mama y papa. Esto puede llevar a la facilidad de influencia ajena y dependencia total, donde la gran necesidad de reconocimiento se ve en su gran rol de figura populista en sus eventos cono en sus Twitters, donde no se controla n calidad ni a las personas a quienes retuitea.

Este tipo de comportamientos, son muy cuestionados, si esa persona realmente esta en condiciones de asumir un cargo político de liderazgo. Generalmente hablamos de genios con un coeficiente intelectual mayor a 125-140, pero de una gran carencia de desarrollo emocional.

Si esta historia termina bien o mal para el país, dependerá de nosotros. De los que aún creemos que el Congreso es una institución en la que pueden y no deben calentarse las sillas; de quienes concebimos que hay formas no populistas de no renovar la política; de los que pensamos que entre la mirada corta o miope que tienen algunos porteños digitando referentes y la nada misma, hay alternativas locales, federales, de reclutamiento o emergencia de nuevos liderazgos más democráticos.

Será, si triunfamos, la única posibilidad de resistir o ahuyentar al Oso. De lo contrario, aumentará el desaliento, insistirá en destruirnos y con ello, a la propia nación. Pero lo peor es que llevará al propio suicidio político a Javier Milei.

Como conclusión, es sumamente importante como se realiza en países como Alemania, Austria, Suiza, don de antes de presentar una candidatura política, este Referente debe ser sometido a exámenes psiquiátricos y psicológicos