NOS TOMAN DE BOLUDOS

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Durante el mes de diciembre, el presidente Alberto Fernández exigió, en sus numerosas cadenas nacionales respecto al avance de la pandemia de coronavirus, que las reuniones de fin de año no superen las diez personas. Amenazante, aseguró: “Aquellos que vulneren esta medida, tendrán que rendir cuentas ante la ley”.

Ante un puñado de asesores y funcionarios kirchneristas que se entusiasmaban con el asomo de un nuevo discurso épico, Fernández repitió la frase que tantos puntos de aprobación le significó y que, con el tiempo, se transformaría en su propia condena: “Podemos recuperar 11 ciento de caída de la economía, el aumento de la pobreza y de la desocupación. Lo que no se puede recuperar es una vida. Es una falta dicotomía, un dilema falso”.

Como suele ocurrir en gobierno populistas, las medidas que implican algún tipo de sacrificio están dirigidas y deben ser protagonizadas el pueblo, mientras los dirigentes políticos parecieran estar, una vez más, encima de la norma.

Se nos ríen en la cara y mucho publicado en Info

Mientras las familias se encontraban programando las fiestas de fin de año, tratando de coordinar cómo llevarlas adelante sin reunir a más de diez personas bajo el peso de la vigilancia estatal y la amenaza de costosas multas y causas penales, el presidente Alberto Fernández organizó un evento para 72 personas en el quincho de la Quinta de Olivos.

El mismo fue llevado adelante el 30 de diciembre la tarde, y asistió la crema y nata del kirchnerismo nacional. Cristina ÁlvarezGabriela CerrutiMónica MachaGisela MarziottaNicolás Rodriguez SaáRodolfo TailhadeHugo Yasky, Facundo MoyanoMónica MachaRamiro GutiérrezGabriela EstévezGabriela CerrutiClaudia Bernazza y hasta el propio ministro de Justicia de la Nación, Martín Soria.

Las normas impuestas el gobierno nacional parecieran tener poco y nada que ver con algún criterio sanitario. El simple hecho de que los funcionarios nacionales que regresan del exterior no tengan que hacer la correspondiente cuarentena es tan sólo un ejemplo más de tantos. Resulta imposible encontrar el manual epidemiológico que asegure que un político no contagia coronavirus, del mismo modo que cualquier otro ser humano. Sin embargo, una vez más, las normas parecieran no aplicar a la clase política.