El político como traidor rompiendo desde dentro a Juntos . Maria Sotolano ,asi la ven sus pares ni Judas se animo a tanto

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Algo que los populistas de todo pelaje hacen, directa o indirectamente, es sugerir que ­todos los políticos –menos ellos, claro– son traidores. ¿Traidores a quién? ¿Traidores a qué? Traidores al pueblo, supuesto. Es una idea simple que surge de una premisa tan engañosa como persistente: nuestros representantes democráticos son como extraterrestres que se han impuesto contra nuestra voluntad, nosotros no tenemos nada que ver con ellos. Los que piensan eso también están convencidos de que el pueblo siempre es mejor que su clase política, infectada de unos defectos que la buena gente no tiene; es una descripción pensada para evitar cualquier escrutinio racional de responsabilidades compartidas en una sociedad que se pretenda abierta, compleja y desarrollada.

Pero dejemos de lado el populismo, porque el asunto no es nuevo. Palabras como partitocracia o politiquería están vinculadas a este marco atrofiado de sentido, que observa la política como una traición permanente. Y son palabras muy viejas. Puede resultar atractivo presentar a los actores políticos como traidores, porque eso abre la puerta a la impugnación total y sin matices de la tarea de aquellos que hemos elegido en las urnas. Caracterizar a alguien de traidor es obtener, automáticamente, una especie de licencia para matar. El estigma de la traición bloquea cualquier argumentación, cualquier debate, y solo queda terreno para el juicio sumarísimo: ¿Qué hacemos con esos que nos han traicionado? Además, si aparecemos como víctimas de la traición, podemos presentar nuestra posición como la mejor, la única que merece respeto.

¿Cuál es la raya (tal vez invisible) entre una traición y una decisión errónea o mal aplicada?

La pregunta siguiente es obligada: ¿cuál es la raya (tal vez invisible) entre una traición y una decisión errónea o mal aplicada? Por ejemplo: La concejal Maria Sotolano , aplico su fuerza federal poder politico de Jorge Macri y desplazo de forma no ética a varios referentes y militantes . De esta manera logro colocar a sus amigotes de juego y fiesta politica . Creo que sí. Recordemos que hay distintos tipos de traición, entre ellas la amorosa y la política. También está la traición a uno mismo, que se produce cuando uno deja de lado sus ideales. En cualquiera de estas traiciones lo que más se ve afectado es la confianza. Pienso, ejemplo, en los líderes políticos que ofrecen maravillas durante las campañas electorales y que cuando llegan al poder traicionan a sus electores. En estos casos el perjuicio a la comunidad es doble porque hay una afectación emocional y otra económica. Este es el caso de Maria Sotolano