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Nació en Las Lomitas, Formosa un 5 de octubre, fecha premonitoria de lo que sucedería después. Eran 13 hermanos, hijos de Jesús Esteban Luna y Secundina Vázquez, familia humilde, trabajadora, de la cual nada sabríamos si no los hubiera atravesado la tragedia. Que fue de la vida de los otros 11 hermanos, de Oscar, Mario o Nicasio tan compinches de Hermindo, nunca le pregunté, me arrepiento sin querer los convertí en víctimas invisibles.
El 5 de octubre de 1975, les cambió la vida para siempre. Su hermano murió en el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29, dejando como legado su vida y su grito de guerra “Aquí no se rinde nadie, mierdas”. La última vez que se vieron fue en septiembre un mes antes, su papá la llevó en tren, toda una aventura desde Las Lomitas hasta Formosa Capital para hacer unos trámites, nunca se imaginó que sería la despedida. Escribir sobre Jovina sin hablar de Hermindo es imposible, porque son madera del mismo quebracho.
Incansable Jovina recorrió la vida de la mano invisible de Hermindo y su pedido de justicia se fue agrandando con los años y su causa fue la causa de otros, la de las víctimas del terrorismo, ese terrorismo que se esconde y arremete contra la vida republicana. Y este reclamo se convirtió en un grito callado, hoy el 5 de octubre, se conmemora el día de las Víctimas del Terrorismo.
Supo encontrar el camino del NO OLVIDO, no la amedrentaron las organizaciones de DERECHOS INHUMANOS, esos que han vivido y viven de mentiras convenientes. Esos que inmortalizan los nombres de los asesinos en muros, veredas de escuelas, plazas, calles y cuanto lugar pueden ocupar para cambiar el pasado.
Desenmascaró la mentira en el Parque de la Memoria, donde figuran como adalides de la libertad 11 terroristas responsables del ataque a la unidad militar donde fue asesinado su hermano.
Sin embargo, no quedó atrapada en el rencor, la vida junto a su familia la llevó a vivir en Mechita, provincia de Buenos Aires, desde allí condujo en la Radio Las Brisas un programa de radio llamado “Historias que te ocultan”.
Decía Eladia Blazquez: merecer la vida no es callar y consentir, tantas injusticias repetidas”. Creo que esa frase la define, porque fue la VOZ de los que callamos estos años.
Nelly Graciela Oliver